ICCRadio

Enemigo Silencioso

Nuestros actos tienen consecuencias sobre las vidas de otros, no necesariamente porque nuestra acción les afecte de manera directa, también afectamos a personas en otras latitudes y podemos cambiar sus vidas sin siquiera conocerlos.

¿Suena injusto?, pero podríamos decir lo mismo del tráfico de personas conocido como trata de blancas, que aunque muchas veces es algo de lo que solo oímos, si podemos tener culpa. Al participar de pecados socialmente aceptados que llevan a que mujeres, niños y niñas sean esclavizados para suplir la demanda sexual de consumidores de este tipo de servicios. Seguramente se está preguntando cómo soy culpable de ese crimen tan terrible, ¡Arturo, se le está pasando la mano esta vez!. Al terminar de leer verifique si tengo razón o no.

 

La adicción del siglo XXI se llama lujuria sexual, algunos la llaman pornografía. Sin importar el tipo de lujuria que se practique todas desencadenan un número de consecuencias que no solo afectan a los que la practican sino también a cientos de familias en todo el mundo que sin quererlo alimentan esta industria perversa. Primero, la pornografía es una adicción, igual o peor a la adicción al alcohol, alucinógenos o cualquier otro tipo de drogas. El cerebro de un adicto funciona de la siguiente forma: Cuando se consume cualquier producto adictivo el cerebro recibe un estímulo, provocado bien sea por las sustancias químicas consumidas o por las producidas por el organismo. Cuando el adicto al alcohol consume cerveza, ron, whiskey o cualquier otro tipo de bebidas con contenido alcohólico, su cerebro es estimulado por esta sustancia y cada vez necesita dosis mayores para mantener su cerebro satisfecho. En el caso de la pornografía y otras adicciones de este tipo, el cuerpo humano produce sustancias químicas que dan sensación de bienestar y alto placer en el cerebro. El sistema nervioso genera una dependencia de estas sustancias incrementando su demanda, no solo en la frecuencia sino en el volumen de las mismas.

 

Tanto hombres y mujeres son consumidores de pornografía, el viejo estigma de que este “pecado/adicción” es solo de los hombre es falso, las mujeres también consumen pornografía, tristemente el número de mujeres que consumen pornografía se ha incrementado rápidamente en los últimos años. Antiguamente para poder consumir imágenes, era necesario visitar un puesto de venta de revistas o una tienda de alquiler de películas, obviamente por el estigma social el adicto se cuidaba de no ser visto y eso limitaba el acceso. Poco a poco la pornografía suave fue entrando no solo en la publicidad sino en los magazines de actualidad y los programas televisivos, logrando con esto estimular la imaginación de todos los lectores/espectadores y no solo de los adictos a la pornografía, el resultado es que la sociedad fue “despertada” a la agradable sensación del consumo.

 

Con la llegada del internet el estigma social de visitar el puesto de revistas o video tiende a desaparecer, haciendo de la pornografía en línea el mayor proveedor para los adictos. La soledad de la pantalla y el secreto que ofrece el hogar, permite que no haya condenación social a los consumidores, es por esta razón que el número de adictos a la pornografía se disparó desde la década de los 90. Hasta que llegó el Facebook al internet, las páginas más visitadas eran las de contenido XXX.

 

Los dueños de las páginas de internet entienden muy bien que es una adicción, por esta razón no tienen tarifas para muchos de sus productos, en cambio sí tienen robots que analizan los gustos del adicto de tal forma que cada vez que hay un consumo se le pone a disposición los que le gusta, con el agravante que incrementa la progresivamente la degeneración de las imágenes que observa y de este modo se van incrementando los niveles de estimulantes y así generando una adicción mayor. No está demostrado como los proveedores de material XXX saben cuándo un consumidor está “enganchado” pero llega el momento que comienzan a cobrar y el adicto paga sin importar la tarifa.

 

El adicto desea ver cosas nuevas, pues ellas producen un mayor nivel de estímulo, escenas con menores de edad, personas de etnias diferentes, personas del mismo sexo, violencia y más degeneraciones que puedan concebir los creativos de esta industria. El adicto pasa de consumir pornografía a ejecutar lo que ve en las imágenes en su vida diaria. Los actores y actrices se vuelven comunes lo que hace que se demanden “nuevos” actores, esto hace que los traficantes de humanos ofrezcan niños, niñas, mujeres que son sacadas de sus casas con violencia, engañadas con un mejor futuro en otro país, vendidos por sus padres o familiares. Este mercado no solo alimenta la industria de la pornografía, sino que también alimenta los centros de prostitución donde pedófilos abusan de niños y niñas, adictos satisfacen su adición con mujeres que han sido inducidas a consumir heroína y otras drogas con tal de que sean abusadas por hombres y mujeres que se iniciaron en este camino de adicción al ver imágenes XXX.

 

Los consumidores de pornografía están alimentando la industria esclavista del tráfico humano. Que Dios tenga misericordia y nos ayude a tener templanza, huir de la tentación y no permitir con nuestro pecado que se acreciente el crimen del tráfico humano.

 

Si tienes problemas con la pornografía, te recomendamos instalar y usar este programa que te protege a ti y a tu familia: www.saintapp.com

 

Te recomendamos este video, para que reflexiones sobre los alcances de la pornografía en la familia.

Dejar comentario